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¿Por qué los españoles quieren que volvamos, después de 522 años? (12/2/2014) E-mail
Por Ofer Aderet, para el periódico “Haaretz”. Traducción del hebreo, Marta Lapides
 
Para España, la enmienda de ley que facilitará a los descendientes de los judíos expulsados, la obtención de la nacionalidad española, es una oportunidad para conciliarse con un pasado conflictivo. Pero los israelíes distan mucho de la Edad de Oro.
 
Muchos israelíes descendientes de españoles se pasaron todo el fin de semana buscando las partidas de nacimiento de sus abuelos, el certificado de haber hecho un curso de idioma español en la Universidad o el último disco de Yasmin Levi, la indiscutible reina del ladino. Otros se lo pasaron rebuscando en el inextricable listado de 5.500 apellidos publicado en Internet, con la esperanza de encontrar el propio. 
 
El viernes pasado, el Gobierno de España confirmó la enmienda de una ley que facilitaría a la descendencia de los judíos expulsados hace unos 500 años, el reconocimiento como ciudadanos españoles. La enmienda, que todavía requiere de la aprobación del Senado, se convirtió desde el viernes en el tema de conversación de las redes sociales, los lugares de trabajo y muchas cafeterías y bares con la pregunta estrella: “¿Estás en el listado?” Sin embargo, parece que esta alegría es prematura porque por lo menos hasta ahora, a los israelíes que persiguen otra nacionalidad les conviene más buscar raíces polacas o alemanas.
 
El profesor Shmuel Rafael, Director del Centro de Investigación del Ladino de la Universidad Bar Ilán, considera que este tema ha de ser considerado como “la revocación de una injusticia histórica”. En su opinión, “si los españoles devuelven la nacionalidad sin oponer obstáculos y sin demasiada burocracia, si tienen un gesto de caballerosidad española, si declararan que se cometió un error histórico y si pidieran corregirlo, conseguirían un efecto político de gran envergadura, tanto en la visión general de Europa como hacia el Estado de Israel”. Como un paso hacia una mayor confianza, antes de empezar a repartir pasaportes a granel, el profesor sugiere al Gobierno de España que tenga “un gesto” con un amplio espectro de creativos, artistas, escritores e investigadores dedicados a “la vivencia española”: “España debería confeccionar una lista de los cien primeros ciudadanos que regresan al seno de la cultura española, y a partir de ahí, continuar.”
 
El profesor Raanan Rein, vicepresidente de la Universidad de Tel Aviv, experto entre otras materias, en la España del siglo XX, dijo que el debate sobre la concesión de la nacionalidad española a los judíos tiene, principalmente, un significado simbólico: “Más que un asunto relevante para los descendientes de los expulsados, es un tema interno de España, que tiene que ver con su confrontación con su ´prójimo histórico´: judíos, musulmanes y latinoamericanos”. Sugiere estudiar el tema a la luz de la aspiración de los españoles, de “ser y ser considerados como europeos”.
 
El profesor Rein ve en el actual debate, una parte de “una larga y continuada gestión, en cuyo marco España revisa su pasado y su confrontación con los hechos desde la Edad Media hasta el Siglo XX”. En su opinión, “la sociedad española se ocupa hoy en día de asuntos tales como por qué España cayó en períodos de decadencia, en confrontaciones que acabaron en el derramamiento de sangre y en la expulsión de parte de los judíos españoles, aquellos que no adoptaron la conversión”. Atestigua que el tema judío “está siempre presente de tal o cual manera” en los ámbitos españoles: “La cuestión de la presencia, de la influencia judía, del vacío que dejaron tras de sí, vuelve a surgir de vez en cuando. Por ejemplo, cuando se produce la ´primera visita´ de un alto cargo español a Israel, o cuando el Rey visita la sinagoga”.
 
“El Gobierno de España considera a la cultura judía como una parte integral de su cultura, razón por la cual surge esta nueva ley, que es una especie de corrección”, dice la profesora Tamar Alexander, Directora del Centro Gaón de Cultura Ladino de la Universidad Ben Gurión. El año pasado recibió del Rey de España una medalla de honor por los logros de investigación en beneficio de la cultura sefardí. “Esto viene a dar testimonio de la consideración, por parte del Gobierno de España y del Rey, hacia los judíos y hacia Israel en la actualidad”. La profesora sostiene y recuerda que las relaciones diplomáticas entre España e Israel se establecieron sólo en 1986. Desde entonces, afirma, “soplan otros vientos desde España y ha habido un punto de inflexión respecto a Israel y a los judíos”.
 
Otra expresión de este cambio es la creación del centro cultural “Centro Sefarad-Israel” en Madrid. En la inauguración, en 2007, el Ministro de Asuntos Exteriores de España dijo que su creación era para “saldar una deuda muy antigua contraída con los judíos de España” y agregó que “avanzamos en la historia – afrontamos nuestro pasado para avanzar en el futuro”. En 2010 el Centro Sefarad-Israel organizó, junto con la Embajada de España en Israel, una exposición titulada “Visados para la Libertad – Diplomáticos españoles y el Holocausto”, en el Museo de Beit Hatfutzot, en la que se documenta la actividad de diez diplomáticos españoles para salvar vidas de judíos durante el Holocausto. Esos diplomáticos se opusieron a sus gobiernos que perseguían a los judíos, intervinieron en favor de las víctimas ante las autoridades de Alemania y los países ocupados por sus fuerzas, utilizando, para protegerlos, los consulados españoles en los que trabajaban.
 
La profesora Alexander, cuya familia emigró a Israel desde Bulgaria y Marruecos, ve en esta nueva ley la posibilidad de “volver a nuestro seno materno y nuestro país de origen”. En sus investigaciones así como en su vida privada, ella identifica “el anhelo y la nostalgia por los días de esplendor en España – del inmenso florecimiento, de los grandes poetas, los filósofos y los ilustres y respetados funcionarios de estado”. La lista es extensa y honorable: entre otros, incluye al rabino Shmuel Hanaguid, al rabino Shlomo Ibn Gabirol, rabino Yehuda Halevi y al rabino Abraham Eben Ezra, Harabad y Harashba, a Don Yehuda Abrabanel y Don Yosef Nasi. El apego a Sefarad le fue inculcado a Alexander también en su familia: “a pesar de que han pasado 500 años, mi madre y mi abuela hablaban sobre nuestra pertenencia a un grupo de élite”.
 
Por otra parte, la expulsión de España también significa un “trauma colectivo que no se ha olvidado” y que está unido al dolor que se manifiesta en los cuentos, poemas y rimas. En su libro “Maasé ahuv vajetzi – relato popular de los sefardíes”, Alexander cita el poema “Sefarad hasta la eternidad” de Matilde Cohen-Serrano, que comienza así: “Sefarad, tierra de mis antepasados, Sefarad, tierra de mis pesares, Sefarad, tierra de mis amores, estás por siempre en mi corazón”. “La tierra de los antepasados, Sefarad, es una tierra amada y perdida, de nostalgia y sueños”, escribe Alexander en su libro. Pero sostiene que esa tierra es también la cuna de la inquisición: “las llamas a las que arrojaron a los conversos no se borrarán jamás de la memoria”.
 
España se enfrenta estos años a una serie de problemas: más allá de la añoranza y el deseo de obtener un pasaporte europeo, hay que tener presente el paro del 26%, más del 50% de los cuales son jóvenes. Una huída colectiva del país, de la generación joven con estudios. En 2012, por ejemplo, se fueron 477 mil personas –el 1% de la población. En Israel hay quienes buscan la lógica en un paso como éste. Una persona allegada a las relaciones bilaterales dijo ayer al periódico “Haaretz”, amparado en el anonimato, que “hay que sospechar de todo este asunto y preguntarse para qué nos necesitan, ¿qué es en realidad lo que echan de menos? ¿No será que quieren ´cerebros judíos´ para aumentar la población lo que les granjearía ayudas de la Unión Europea?".