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Isaac Abravanel (13/10/29) E-mail

 

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Respuesta de Isaac Abravanel al Edicto de Expulsión de
los Judíos de España del 31 de marzo de 1492
Sus Majestades:
Abraham Senior y yo agradecemos esta oportunidad para hacer nuestro
último alegato escrito llevando la voz de las comunidades judías que
nosotros representamos.
Condes, duques y marqueses de las Cortes, caballeros y damas: no es un gran
honor cuando un judío es llamado a asistir por el bienestar y seguridad de su
pueblo, pero es desgracia mayor que el Rey y la Reina de Castilla y Aragón y
por supuesto de toda España tenga que buscar su gloria en gente inofensiva.
Encuentro muy difícil comprender como todo hombre judío, mujer y niño
pueden ser una amenaza a la fe Católica. Son cargos muy fuertes, demasiado
fuertes. ¿Es que nosotros la destruimos?
 
Es todo lo opuesto. ¿No estáis obligando en este edicto a confinar a todos los
judíos en lugares restringidos y a tantas limitaciones en nuestros privilegios
legales y sociales, sin mencionar que nos forzáis a cambios humillantes? ¿No
fue suficiente la imposición de la fuerza, no nos aterrorizó vuestra diabólica
Inquisición? Déjeseme mostrar en toda su dureza esta materia a todos los
presentes; no dejaré callar la voz de Israel en este día.
 
Escuchad ¡oh Cielos!, y sea permitido que se me escuche, Rey y Reina de
España. Isaac Abravanel se dirige a vos; yo y mi familia somos descendientes
directos del Rey David, verdadera sangre real; la misma del Mesías corre por
mis venas. Es mi herencia, y yo lo proclamo en nombre del rey de Israel.
En nombre de mi pueblo, el pueblo de Israel, los escogidos por Dios, declaro
que son inocentes y sin culpa de todos los crímenes declarados en este
abominable edicto. El crimen y la transgresión es para vos; para nosotros es
el soportar el decreto sin justicia que Vos habeis proclamado. El día de hoy
será de derrota y este año, que se imagina como el año de la gran gloria, será
el de la vergüenza más grande de España. Es reconocido que la palabra honor
debe ser propia de buenas y nobles acciones; de la misma forma, un acto
impropio haría sufrir la reputación de una persona. Y si reyes y reinas
acometen hechos dudosos se hacen daño a ellos mismos; como bien se dice,
cuanto más grande es la persona el error es mayor.
 
 
Si los errores son reconocidos a tiempo pueden ser corregidos y el ladrillo
débil que soporta el edificio puede ser resituado en posición correcta.
Asimismo un edicto errado, si es cambiado a tiempo, puede ser corregido;
pero objetivos religiosos han aventajado a la razón y malos consejos han
precedido al justo razonamiento. El error de este edicto será irreversible, lo
mismo que estas obligaciones que proclaman; mi rey y mi reina, escuchadme
bien: error ha sido, un error profundo e inconcebible como España nunca
haya visto hasta ahora. Vosotros sois los únicos responsables, como
instrumentos del poder de una nación; si las artes y letras dan pautas a
sensibilidades mas refinadas, si vosotros habéis aplacado el orgullo del infiel
musulmán pese a la fuerza de su ejército mostrando conocimiento del arte y
de la guerra y respetando su conciencia ¿con qué derecho los inquisidores
recorren los campos quemando libros por miles en piras públicas?
¿Con qué autoridad los miembros de la Iglesia desean ahora quemar la
inmensa biblioteca arábiga de este gran palacio moro y destruir sus preciosos
manuscritos? Porque es por autoridad vuestra, mi rey y mi reina. En lo más
profundo de sus corazones Vuestras Mercedes han desconfiado del poder
del conocimiento, y Vuestras Mercedes han respetado sólo el poder.
 
Con nosotros los judíos es diferente. Nosotros los judíos admiramos y
estimulamos el poder del conocimiento. En nuestros hogares y en nuestros
lugares de rezo el aprendizaje es una meta practicada por toda la vida. El
aprendizaje es una pasión nuestra que dura mientras existimos; es el corazón
de nuestro ser; es la razón, según nuestras creencias, para la cual hemos sido
creados. Nuestro amor a aprender pudo haber contrapesado su excesivo
amor al poder. Nos pudimos haber beneficiado de la protección ofrecida por
vuestras armas reales y vos os pudisteis haber beneficiado de los adelantos
de nuestra comunidad y del intercambio de conocimientos, y digo que nos
hubiésemos ayudado mutuamente.
 
Así como se nos ha mostrado nuestra debilidad, su nación sufrirá la fuerza de
un desequilibrio al que Vuestras Mercedes han dado comienzo. Por centurias
futuras, vuestros descendientes pagarán por los errores de ahora. Vuestras
Mercedes verán que la nación se transformará en una nación de
conquistadores que buscan oro y riquezas, viven por la espada y reinan con
puño de acero; y al mismo tiempo os convertiréis en una nación de iletrados,
vuestras instituciones de conocimiento, amedrentadas por el progreso
herético de extrañas ideas de tierras distintas y otras gentes, no serán
respetadas. En el curso del tiempo el nombre tan admirado de España se
convertirá en un susurro ente las naciones. España, que siempre ha sido
pobre e ignorante, España, la nación que mostró tanta promesa y que ha
completado tan poco. Y entonces, algún día, España se preguntará a sí
misma: ¿que ha sido de nosotros? ¿Por qué somos el hazmerreír entre las
naciones? Y los españoles de esos días mirarán al pasado para ver por qué
sucedió esto. Y aquellos que son honestos señalarán este día y esta época de
la misma manera que cuando esta nación se inició. Y la causa de su
decadencia no mostrará a nadie más que a sus reverenciados soberanos
Católicos, Fernando e Isabel, conquistadores de los moros, expulsores de los
judíos, fundadores de la Inquisición y destructores de inquisitivas mentes de
los españoles.
 
El edicto es testimonio de la debilidad cristiana. Esto ha demostrado que los
judíos son capaces de ganarle a los siglos. Argumento viejo sobre estas dos
creencias. Esto explica el por qué existen falsos cristianos: estos cristianos
cuyas creencias han sido sacudidas por argumentos que el judío conoce
mejor. Esto explica por qué la nación cristiana se perjudicara como dice que
lo ha sido. Deseando silenciar la oposición judía, la mayoría cristiana ha
decidido no seguir argumentando, eliminando la fuente del
contraargumento. No se le dio oportunidad alguna al judío.
Esta es la última oportunidad para traer este tema a tierra española. En estos
últimos momentos de libertad, otorgada por el Rey y la Reina, yo, como
representante de la judería Española, reposo en un punto la disputa
teológica. Yo la dejaré con un mensaje de partida, a pesar de que a Vuestras
Mercedes no os guste.
 
El mensaje es simple. El histórico pueblo de Israel, como se ha caracterizado
por sus tradiciones, es el único que puede emitir juicio sobre Jesús y su
demanda de ser el Mesías; y como Mesías, su destino fue el de salvar a Israel,
de modo que debe venir de Israel a decidir cuándo debe salvarlo. Nuestra
respuesta es la única respuesta que importa, o acaso Jesús fue un falso
Mesías. Mientras el pueblo de Israel exista, mientras las gentes de Jesús
continúen en rechazarlo, su religión no puede ser validada como verdadera.
Vuestras Mercedes pueden convertir a todas las gentes, a todos los salvajes
del mundo, pero mientras no conviertan al judío, Vuestras Mercedes no han
probado nada, salvo que pueden persuadir a los que no están informados.
Lo dejamos con este confortante conocimiento. Porque Vuestras Mercedes
pueden disponer de sus poderes, pero nosotros poseemos la verdad por lo
alto. Vuestras Mercedes podrán desposeernos como individuos, pero no
podrán desposeernos de nuestras almas sagradas y de la verdad histórica,
que es el único testigo nuestro.
 
Escuchad, Rey y Reina de España, en este día Vuestras Mercedes han
engrosado la lista de fabricantes de maldades contra los que quedan de la
Casa de Israel; si Vuestras Mercedes se empeñan en destruirnos, todos han
fracasado. Mas, sin embargo, nosotros prosperaremos en otras tierras
lejanas. Y doquiera que vayamos, el Dios de Israel estará con nosotros, y a
Vuestras Mercedes rey Fernando y reina Isabel, la mano de Dios los atrapará
y castigará por la arrogancia de sus corazones.
Hágase a Vuestras Mercedes autores de esta iniquidad; a lo largo de
generaciones por venir, será contado repetidamente cómo su fe no fue
benevolente y cómo su visión se cegó. Pero, más que sus actos de odio y
fanatismo, el coraje del pueblo de Israel será recordado por haberse
enfrentado contra el poderoso Imperio Español y por habernos apegado a la
herencia religiosa de nuestros padres, resistiendo a los argumentos inciertos.
Expúlsennos, arrójennos de esta tierra que hemos querido tanto como Vos,
pero los recordaremos, Rey y Reina de España, como los que en nuestros
santos libros buscaron nuestro daño. Nosotros los judíos, con nuestros
hechos en las páginas de la historia y nuestros recuerdos de sufrimiento; e
incurriréis en un daño mayor a vuestros nombres que el mal que nos habéis
causado.
Nosotros los recordaremos, y a su vil edicto de expulsión, para siempre.