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“El prestamista” de Edward Lewis Wallant, con su prologuista y traductor Eduardo Jordá Forteza (18/7/2013) E-mail

 

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Libros del Asteroide publica El prestamista (1961), de Edward Lewis Wallant (1926-1962). La novela, que ha sido traducida y prologada por Eduardo Jordá Forteza y que permanecía inédita en castellano, fue finalista del National Book Award y supuso la confirmación de Wallant como joven talento de la brillante generación de escritores judeoamericanos de posguerra, entre los que se encontraban Saul Bellow, Norman Mailer, Bernard Malamud y Philip Roth.

Sol Nazerman es un inmigrante polaco, hosco y poco sociable, que regenta una casa de empeños en Harlem a finales de los cincuenta. Las heridas de su paso por los campos nazis le han llevado a eliminar de su vida cualquier atisbo de emoción. Apenas soporta a los pobres diablos y ladrones de poca monta que forman la clientela habitual de su tienda ni al gánster para el que trabaja, y las relaciones con su ayudante, el joven puertorriqueño Jesús Ortiz, y con la familia de su hermana, con la que vive y a la que mantiene, tampoco son mucho mejores. Sin embargo, una serie de circunstancias inesperadas le obligarán a salir de su apatía.

El prestamista nos sumerge en el Nueva York de los años cincuenta, que Wallant retrata magistralmente, presentándonos una galería de personajes tan extensa como bien perfilada. Una excelente muestra de la literatura norteamericana de los sesenta, de uno de los mejores escritores de su generación, al que su muerte prematura (falleció a los 36 años) privó de un reconocimiento mayor.

En su magnífico prólogo-en clave de relato breve- Eduardo Jordá nos habla con admiración y respeto de este autor, el primero que dedica una novela a la Shoah en la Norteamérica de aquellos años. Señala El Prestamista como una de esos libros imprescindibles –tan crudo como divertido- que abordan el Holocausto y la difícil vida de los sobrevivientes tras la tragedia.  

Jordá afirma en su prólogo  “Palabras nítidas y fáciles. Sentimientos verdaderos. La culpa, la compasión, la belleza, la lujuria, Dios. La vida, la muerte.Ese era el secreto de Edgard Lewis Wallant”.